¿Os acordais de Tenacitas? Era una langosta a la que Homer Simpson le había cogido cariño. Pues al otro lado del charco, Gerardo, Martínez no Simpson, capturó en la costa de Cedeira a su hermano gemelo. Creo que los dos tuvieron el mismo final: la cazuela.
Aquí estamos. Nando y yo. En pocos años pasamos del calimocho y el «...estoy esperando a ver que pasa» a esta foto cual entrañables jubilados en una jornada de pesca. Aún recuerdo la primera vez que coincidimos en el instituto. Tempus fugit, ¡y tan fugit! Hace ya más de 12 años. «Menudo gilipollas», pensé. ¡Qué traicioneras son las primeras impresiones! Llegó con chupa vaquera y botas negras, como las militares, y un aire Humphrey Bogart que daba ganas de bajarle los humos. Demasiados gallos para el corral. Nunca se lo dije.
Lo cierto es que él tenía el pelo pincho; yo melena. A él le gustaban los Who y los Beatles; a mí Mike Oldfield y los Rodríguez. Él jugaba al voley; yo al hockey. Él fue por ciencias; yo por letras. Él bebía güisqui y yo licor 43... pero acepté su invitación para ir un día de pesca. Ahora, los dos nos emborrachamos con ron y, últimamente, no me cae tan gordo Lennon.
Espero que dentro de otros 12 cuelgue una foto como esta, y que a ninguno de los dos se le borre la sonrisa.
Los pescadores de recreo tendrán que declarar sus capturas cada mes De no haber ninguno, a anunciarse dos. El Ministerio de Pesca está ultimando el real decreto que regulará la pesca deportiva y que, entre sus disposiciones, incluye la creación de un registro nacional de embarcaciones de recreo, una iniciativa que también recoge el anteproyecto de Lei de Pesca de Galicia, que prevé crear una licencia específica para estos buques y cuantificar los que hay en la comunidad para que su actividad pueda coexistir en armonía con la profesional.
En la presentación del anteproyecto de norma, el secretario general de Pesca Marítima, Juan Carlos Martín, explicó que la captura deportiva ha crecido tanto en los últimos años que se ha convertido en una de las principales formas de ocio y eso ha terminado por afectar a los recursos pesqueros. Y es que solo en el Mediterráneo y Canarias hay 125.000 embarcaciones de recreo matriculadas, y falta por determinar qué número operan en los caladeros del golfo de Cádiz y del Cantábrico y Noroeste. Aunque no hay un cálculo concreto, según estimaciones de organismos adscritos al Ministerio de Fomento, en Galicia hay en torno a 20.000 embarcaciones deportivas.
El decreto que prepara el Gobierno establece la obligación de declarar mensualmente las capturas realizadas, incluso en el caso de que no se hubiese hecho ninguna y promueve la «pesca sin muerte» para las especies protegidas, como el atún rojo.
Martín explicó que la ley cuenta con el consenso y conformidad del sector y de todas las comunidades autónomas.
Sencillo, barato y eficaz, muy eficaz. Si disponéis de embarcación y os gusta la pesca al curricán, este es uno de los mejores cebos artificiales. Se trata simplemente de hacer unas plantillas con forma de pez, de unos ocho centímetros de largo, y recortar el gorro de baño en tantas piezas como sea posible. De un gorro podréis sacar unas seis o siete, según el ancho que le deis al molde. Las figuras resultantes se amarran a un anzuelo y voilà, ya esta hecho. El color que más se suele usar es el verde, pero eso va a gusto del consumidor, como ocurre con las poteras.
No es tan difícil ¿no?, y le estáis haciendo la competencia al propio Rapala.
Para que sea eficaz, el truco está en jugar con los plomos que le añadís a la línea. A saber: no es lo mismo pescar lubina, que caballa, o abadejo. Cada especie pulula a profundidades diferentes, así que si lo que queréis es llenar el bote de caballas, la línea deberá llevar pocas plomadas, para que el reclamo suba más a la superficie. Sin embrago, si lo que buscáis es un buen ejemplar de lubina, la línea deberá ir más al fondo.
Aparte de estas variantes, está la temperatura. Cuanto más calor haga, más profunda se encuentra la lubina. Por algo es, como ya mencioné en otros posts, la reina del frío. Así que, la solución, más plomo a la línea y, el primero (el que va justo a continuación del cebo) es conveniente colocarlo a poco más de un metro de distancia para que no permita que el «pescadito de gorro de baño» suba demasiado a la superficie.
Sin hacer ruido. Se fue tranquilo y paciente, como un buen pescador. Lo curioso es que nunca le chistó demasiado que su «familia» se acercase a la costa, ni siquiera a la orilla de un espigón, y mucho menos con una caña. ¿El mejor amigo del hombre? No siempre. Solía hacer lo que le venía en gana y, a veces, le costaba algún que otro castigo, sobre todo cuando aún era cachorro. Se llamaba Newton, aunque no sé por qué, de un tiempo a esta parte, me dirigía a él como Jose, que no José, quizá porque era un pariente de verdad (¿quién no tiene un José en la familia?) y Newton suena demasiado anglo-sajón, demasiado lejano.
Los años, diez nada menos, desdibujaron su figura robusta y altiva. Sus huesos se calcinaron como un metal expuesto a la acción del mar, y sus ojos, cansados, pedían clemencia. Menos mal que para los animales no existe un debate ético sobre la eutanasia. Newton, Jose para los amigos, llegó con mi mayoría de edad, justo cuando me entró el gusanillo de echarme al mar con una vara y un carrete. Él ya no está, pero todavía me excita la pesca. No todo se pierde en un día.
Todos tenemos algún primo. La joya de la familia. Tu primo esto, tu primo lo otro... y tú, ¡qué!, a ver si tomas ejemplo... Seguramente es el caso de Mariano (ese gran hombre letrado metido a político), que siguiendo los consejos de su sabia madre, optó por no quedarse atrás y ser más conocido que el Tato, que no es otro que su primo, el catedrático de Física.
Pues bien, mi primo, que no llega a bachiller, pero pesca la de Dios, me dijo que nanai de la China, y que en pocos años, la cosa iba a estar muy chunga. Será una perspectiva egoísta pero, compañeros, se nos va joder la pesca, ¿o acaso soy yo el único que, día a día, jornada tras jornada, nota que el mar está cada vez más raro y las capturas ya no son lo que eran?.
Para muestra, un botón. Echadle un vistazo al vídeo, no tiene desperdicio.
Dicen que la memoria de los peces no alcanza más allá de tres segundos. No me lo creo.
Son más listos que nosotros, y no me refiero sólo a los pescadores. Se mueven con la corriente que más les convenga; comen en los mejores restaurantes marinos, visitan lugares inalcanzables para el hombre, y a todas estas, sin horario, salvo el romántico y taciturno que marca la luna.
Como en el resto de la naturaleza, habrá especies mejor dotadas que otras, pero a simple vista, la lubina es una de las joyas del fondo marino atlántico y cantrábrico. La reina del frío. Sin colores ni atrezo llamativo, resalta por lo estilizado de su figura. Es veloz, sutil y soberbia, ¿hay algo más perfecto que la precisión? Consigue que más de uno pierda la cabeza, e incluso la vida, por capturar un buen ejemplar, creyendo que cuanto más abrupta es la zona, más fructífera será la jornada. Nada más lejos de la realidad, y quizá ella lo sabe, aunque la ciencia afirma que en tres segundos lo olvidaría.