CAPITULO II. ¡Vamos allá!.
¿La afición a la pesca nace, o se hace? Yo creo que se hace. A mí me entró el vicio al acompañar a un amigo, Nando, que ya estaba metido en este mundillo desde niño. Pues bien, yo simplemente lo acompañaba por pasar el día en la costa, pero entre jornada y jornada, me estaba enganchando sin darme cuenta.
Llegó un día en el que sin saber bien por qué, cogí mi equipo y me fui al acantilado yo solo; ya era todo un adicto a la pesca. No me fue mal, tres merlones y un par de lubinas eran un gran botín para un novato.
Ya no había vuelta atrás. El mar me esperaba todos los fines de semana. Solo o acompañado, madrugaba todos los domingos para coger la mejor marea.
Ya han pasado ocho años desde mi primer día como pescador, y cada vez la adicción es más fuerte. Revistas, equipo, utensilios, licencias, se llevan gran parte de mi dinero y de mi tiempo, pero os aseguro que vale la pena.
Si algún día un amigo os invita a pescar, tened cuidado, la pesca es muy adictiva.

Helo dijo
Acabo de descubrir tu blog y cuando vi aquella foto de lo que había pescado tu amigo, no sabía que tu afición era tan grande. Oye, estos días tu madre estará encantada porque la cena la pones tú, ¿no?
Un besiño
28 Diciembre 2005 | 01:36 AM