CAPÍTULO V. Los cebos.
Si el resultado final es más o menos como el del gráfico del capítulo anterior, ya sólo falta colocar el cebo. Es un poco engorroso, pero hay que acostumbrarse.
No hay técnica. Simplemente incrustar el cebo en el anzuelo.
Para una zona de pesca tranquila, tirando a fondo, lo mejor es usar cebos naturales como mangón, miñoca, tita o coreana.
El mangón es un manjar para todas las especies. Grande y vistoso, nunca pasa desapercibido. Se coloca con una aguja para aprovechar su envergadura. Bien colocado es una carnada dura. Diez son suficientes para una tarde de mar.
La miñoca es uno de los cebos más utilizados. Versátil y fácil de colocar. Un buen ejemplar de lubina, un banco de fanecas o un merlón de varios años, son consumidores de este gusano. Su mayor defecto es que es muy blanda. Aguanta poco en el agua, así que cada vez que se levante es necesario cargar de nuevo.
La tita es un cebo caro y difícil de conseguir, pero eficiente. Resiste varias horas e incluso más de una captura si se rescata con cuidado. Como el mangón, la tita se monta con aguja para deslizrla desde el anzuelo hasta el sedal.
La coreana es muy similar a la miñoca pero mucho más resistente. Su tamaño varía. En una misma gorra (medida que se usa para la venta y que oscila entre las cien unidades) hay ejemplares grandes y pequeños.
La decisión es del pescador. La mejor opción es un poco de todo, aunque sea costoso. Nunca se sabe, los peces también tienen antojos.
