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La Coctelera
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EL CEBO DE MODA

Cómo va esa pesca.
¿Conoceis este cebo? La foto es aproximada. No es exactamente igual al cangrejo del que os voy a hablar. Se trata del grillo de mar, uno de los mejores cebos selectivos. Muy eficaz con dorada y robaliza. Se consigue mediante una especie de «chupona» gigante casera. El bicho está en las zonas de ribera o en algunas playas,dentro de unos agujeros cual grillo, de ahí su nombre. Hay que extraerlo con el tubo porque está a bastante profundidad.
Probadlo, no os defraudará.

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PESCANDO POR SAN ANDRÉS DE TEIXIDO (o que non vai de morto foi de vivo)

Hay días difíciles de olvidar. Uno de los míos, como no, está ligado a una jornada de pesca. Nos levantamos temprano. A las siete de la mañana ya estábamos en A Garita de Herbeira, el acantilado más alto de Europa.
-¿Qué?. ¿Bajamos?.
Joer Nado, aun está muy oscuro. Nos tomamos un coffee y tiramos para abajo.
Esperamos diez minutos, lo que dura un café de termo. Seguía oscuro. Por nuestros cálculos, hasta las ocho menos diez no amanecería.
-Venga, tira, ¡ya no aguanto más en el coche!
El lugar al que íbamos es un pesquero que se conoce como A mina. Su nombre es muy gráfico. Hace años se hundió un cargero en esa zona. Para llegar hasta el buque y poder desguazarlo se abrió un camino, pero con los años, las continuas avalanchas de piedra borraron su rastro.
A mina es una zona con fama de albergar peces enormes y en gran abundancia. Cualquier pescador de la comarca que se precie, debe pasar por allí. Es algo semejante a la confirmación, la diferencia está en que puedes recibir más de una hostia.
-¡Qué frío!. Con este viento seguro que no hay dios que pare allí abajo. -dijo Nando-
Los cien primeros metros de descenso fueron facilísimos. El camino estaba en buen estado porque todavía hay gente que lo usa para llegar a sus terrenos. A partir de aquí la cosa se complicó. Mochila a la espalda, tres cañas por cabeza y mucha ropa.
Continuará...

El camino comenzó a estrecharse. Los cantos cerraban el paso. Agarrándonos a las ramas de los árboles que colgaban de la ladera, fuimos descendiendo poco a poco. Más de una hora para recorrer un kilómetro, eso sí, casi en vertical. El equipo sólo molestaba. Estuvimos a punto de dar media vuelta, pero ya estabamos allí, no nos íbamos a ir a casa de rositas. Hasta se nos atragantó el café que habíamos tomado en el coche, pero al final llegamos al pesquero.

El mar estaba hecho una furia. Al recoger el primer lance, la plomada estaba partida por la mitad, sujeta de milagro por el esmerillón.
-Nando, aquí no hay dios que pesque.
-Pues una de dos, o los peces hacen surf, o están como cabras.
A escasos metros de nuestra roca, estaba el casco del carguero hundido; una macabra espina dorsal, de la que sólo se distinguía el puente y la proa. El espectáculo merecía la pena de tan accidentado descenso. Por supuesto no capturamos ni una triste robaliza, pero tenemos unas fotos y unos recuerdos que no los cambiamos por una dorada de 5 kilos.

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CAPÍTULO VI. Esto es todo... por ahora.

Y ya está. Esto es lo básico para iniciarse en la pesca. Si estáis enganchandos, ¡enhorabuena!. Los próximos artículos se centrarán en modalidades concretas, trucos, zonas, y anécdotas.

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CAPÍTULO VI. ¡Picada!

Con el cebo cargado y el equipo listo, sólo falta una buena picada. Se puede capturar de muchas maneras: lanzando largo, corto o entre las rocas del dique. Depende de la zona y de la especie. Por ejemplo, para una pescata de barbadas, fanecas o panchitos, lo mejor es hacer un lance muy corto, de unos diez metros, para que el pie caiga justo en las rocas más profundas del espigón. Sin embargo, para especies como la lubina, el merlón o el sargo, lo mejor es alejar el sedal todo lo posible.
Hay especies difíciles de capturar en la costa, pero no imposibles. El caballito de mar es una de ellas:

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CAPÍTULO V. Los cebos.

Si el resultado final es más o menos como el del gráfico del capítulo anterior, ya sólo falta colocar el cebo. Es un poco engorroso, pero hay que acostumbrarse.
No hay técnica. Simplemente incrustar el cebo en el anzuelo.
Para una zona de pesca tranquila, tirando a fondo, lo mejor es usar cebos naturales como mangón, miñoca, tita o coreana.
El mangón es un manjar para todas las especies. Grande y vistoso, nunca pasa desapercibido. Se coloca con una aguja para aprovechar su envergadura. Bien colocado es una carnada dura. Diez son suficientes para una tarde de mar.
La miñoca es uno de los cebos más utilizados. Versátil y fácil de colocar. Un buen ejemplar de lubina, un banco de fanecas o un merlón de varios años, son consumidores de este gusano. Su mayor defecto es que es muy blanda. Aguanta poco en el agua, así que cada vez que se levante es necesario cargar de nuevo.
La tita es un cebo caro y difícil de conseguir, pero eficiente. Resiste varias horas e incluso más de una captura si se rescata con cuidado. Como el mangón, la tita se monta con aguja para deslizrla desde el anzuelo hasta el sedal.
La coreana es muy similar a la miñoca pero mucho más resistente. Su tamaño varía. En una misma gorra (medida que se usa para la venta y que oscila entre las cien unidades) hay ejemplares grandes y pequeños.

La decisión es del pescador. La mejor opción es un poco de todo, aunque sea costoso. Nunca se sabe, los peces también tienen antojos.

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CAPÍTULO IV. Los utensios.

¿Ya teneis equipo?. ¿Sí?. Pues ahora hay que preparar los utensilios.
Tanza, anzuelos, giratorio o esmerillón, y plomadas. Esto es lo básico para pescar desde un dique.

Lo primero es hacer un nudo de cirujano en el extremo del sedal. Es sencillo.

El paso siguiente es enganchar al giratorio un pie. ¿Qué es?. Se trata más o menos de un metro de tanza que lleva dos lazos de cirujano y una plomada en el extremo inferior. Cada lazo amarra un anzuelo; el extremo sirve de soporte para la plomada.
Este es el resultado final:

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La pesca mundial atraviesa mala racha doc 2

LA PESCA MUNDIAL ATRAVIESA UNA MALA RACHA.doc

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CAPÍTULO III. El equipo.

El equipo básico para una jornada de pesca es una caña y un carrete. Hay equipos específicos para las distintas modalidades de pesca, pero mi consejo es comenzar en un lugar sencillo, por ejemplo, un espigón. Un pescador novel no encontrará dificultades en estos salientes porque tienen fácil acceso y se puede lanzar sin preocuparse demasiado por la trayectoria. Además, suelen ser lugares muy calmos al no ser zona de acantilados ni mar abierto.
Basta con un equipo barato para poder hacer algunas capturas. Treinta euros son suficientes para comprarlo, aunque seguramente, tras varias jornadas optareis por uno mejor que se adapte a vuestro estilo. Con una caña de cuatro metros y un carrete de costa os iniciareis sin problema pescando a fondo, es decir, con plomada o casting, modalidades de pesca que veremos en otro capítulo.
Hay muchos tipos de equipos: cañas cortas, de costa, de chiveo, de calamar, pero como cada una es para una actividad específica, y es necesario dominar lo básico, las iremos abordando poco a poco.
¡Buena suerte con la compra!.